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Roger Waters en Lima

The Great Gig in Peru
Hasta que por fin logramos presenciar a uno de los mayores referentes musicales del siglo XX en nuestro país. Con una presentación de proporciones monumentales, Roger Waters no sólo nos llevó al lado oscuro de la luna, sino que nos ofreció el mejor concierto alguna vez visto en el Perú.
ESCRIBEN: MARTÍN ALCARRAZ M. & FABRICIO SANTIBÁÑEZ M.
Foto: Juan Carlos Calderón
Cuatro palabras que resumen todo: el concierto del 2007. Así de simple. Cuando nuestras esperanzas de escuchar los temas de Pink Floyd interpretados en vivo se limitaban a ir a Barranco cada mes y medio para ver perennes tributos al “The Dark Side of the Moon” o cuando los conciertos locales se regodeaban en su inacabable espectro de reggaeton y demás esperpentos de moda, tocó a nuestras puertas la grandiosa oportunidad de apreciar, por vez primera, un monumental espectáculo que no desestimó recurso algo para equipararse con los ofrecidos fuera de nuestro continente.
Se trataba del milagro que puso a Lima, de una buena vez, en el mapa latinoamericano de conciertos de rock.

WELCOME TO THE MACHINE
El legendario Roger Waters aterrizó en nuestra capital dos días antes de su presentación en la explanada del Estadio Monumental luego de presentarse en México y Colombia. A su arribo, aquel Sábado 10 de Marzo, se conglomeró un considerable número de seguidores quienes serían testigos de un hecho sin precedentes en nuestro esmirriado historial musical, era la primera vez que un Pink Floyd pisaba territorio peruano. No había duda alguna. El concierto soñado se haría realidad: presenciar lo mejor de Pink Floyd y el The Dark Side of the Moon en su integridad, interpretados por el cerebro principal de la inmortal banda inglesa.
Era una presentación de obligada asistencia. No sólo por la magnitud de su importancia, sino también porque podría ser -sin ánimos de ser pesimistas- una de las pocas ocasiones de ver algo similar en nuestro país en un buen tiempo. Y es que no siempre tenemos la ocasión de ver a un artista mítico acompañado de una banda de lujo sobre un escenario diseñado por el mismísimo Mark Fisher, encargado de la dantesca escenografía de Pink Floyd en la gira del “The Wall”.
El mismo día de su llegada a Lima, Waters se presentó ante la prensa local adelantando detalles de lo que sería su presentación en la Explanada del Estadio Monumental, llegando incluso a ponerse la camiseta promocional del “Vota por Machu Picchu” (grandiosa jugada de la Ministra de Comercio Exterior y Turismo, Mercedes Araoz). Al día siguiente el descanso de su staff técnico y musical fue bien aprovechado por su fanaticada para obtener algún autógrafo, cosa a la cual el ex bajista de Pink Floyd accedió gentilmente preocupándose especialmente por el orden.
El maravillado público ahí presente ya contaba las horas para que sea Lunes.

THE HAPPIEST DAY OF OUR LIVES
Horas previas al inicio del concierto, Waters partió de las inmediaciones del Hotel Sheraton, dejando a un séquito de seguidores mientras las largas filas empezaban a formarse afuera de la explanada. Su llegada dio inicio a la prueba de sonido, en la cual se evidenció la perfecta calidad del instrumental técnico y la fastuosidad de la escenografía visual. Era impresionante.
Ya una vez dentro del recinto nos esperaría pacientemente la inmensa figura de una vieja radio telefunken, una botella de whisky y un cenicero. Faltando pocos minutos para que todo empiece, la proyección cobró vida y nos mostraba una mano que sintonizaba clásicos del rock y jazz. De pronto dieron las nueve en punto de la noche. Con exactitud británica (¿o la nueva hora peruana?) salió al escenario Roger Waters y toda su banda donde destacaban los geniales guitarristas Dave Kilminster y Snowy White junto a Andy Fairweather-Low (éste último también bajista y colaborador de grandes como Pete Townshend y Joe Satriani) entre otros.

" IN THE FLESH " [en vivo en Lima 12.03.2008]
( video cortesía: sergiobarr )

Tras el clásico grito de “¡Ein, zwei, drei... alle!” la bienvenida vino a cargo de la fulminante In the Flesh, seguido a ello continuaron sendas versiones de Mother y una hipnótica perla rescatada del baúl: Set the Controls for the Heart of the Sun. Llegó el turno de tres clásicos de 1975: una versión abreviada de Shine On You Crazy Diamond (Parts II - V), la misma que se volcó en un admirable tributo al delirante maestro Syd Barrett, la contundente Have a Cigar y la coreadísima Wish You Were Here (¡que increíble escucharla en vivo!).
Prosiguió una sentida reivindicación al “The Final Cut” (1983) con la bella Southampton Dock y The Fletcher Memorial Home con todo y sus infaltables “bung-bung, bang-bang”. Waters se dio tiempo para presentarnos dos de sus temas en solitario, Perfect Sense y su flamante Leaving Beirut repleta de tintes reaccionarios y políticos que harían sonrojar hasta al más adepto partidario de Bush. Cerrando el primer set llegó Sheep donde haría su aparición el mítico cerdo volador “Algie”, quien entre sus pintas politiqueras-sociales y sus más de 10 metros de longitud surcó el cielo limeño, convirtiéndose en una experiencia inigualable y surrealista. Como si eso no fuera suficiente, Waters se acercó al micrófono y dijo: “Iremos a un corto descanso de 15 minutos y volveremos con el 'Dark Side of the Moon'”. Si lo vivido hasta entonces había sido demasiado asombroso, lo que seguiría lo sería aún más.
FABRICIO SANTIBÁÑEZ M.

Foto: Rafael Sánchez Mujica
FLOYD, LA LUNA Y LIMA
Tuvieron que pasar 34 años, pero el momento había llegado, el memorable álbum que reúne talento, trascendencia y emoción, “The Dark Side of the Moon” (24 de marzo de 1973) llegó en su mes de aniversario.
Mientras todavía se apreciaba la rosada figura de “Algie” en el cielo, Speak to Me sonaba de fondo. La emoción era evidente -a mi lado- una chica no paraba de gritar y, al otro lado, un “causa” no paraba de libar cerveza con una destreza sólo comparable con el bajo de Mr. Waters. Todos estábamos empilados. Llegó el momento de respirar hondo con Breathe. “Leave, but don't leave me / look around and choose your own ground”. No había tiempo que perder, On the Run prepara el camino para la llegada de Time. “And then one day you find ten years have got behind you”. Luego el trío de ébano entra en acción, con esas voces escalofriantemente sensuales que caracterizan a The Great Gig in the Sky. Una encuesta por Internet coloca este tema como el número uno “para hacer el amor”. Atentos a ese dato. El dinero no lo es todo, pero esta canción sí te pone, Money se encarga de meterle más leña al fuego; mientras que Us and Them y Any Colour You Like mantienen a la audiencia cautivada. Los estallidos con fuego que se producían en el escenario provocaban una sensación de calor que ponían los pelos de punta y provocaban sendos “wouuu” del público, mientras que la pantalla seguía hipnotizando con sus alucinadas imágenes. Luego Brain Damage nos anuncia que esto se acaba, el final viene con Eclipse, no sin antes sorprender a todos con un enorme prisma que se elevó para proyectar un láser que se descompuso como un arco iris. La portada del DSOTM cobró vida ante los ojos atónitos de los presentes para hipnotizar, iluminar y recargar de energía a la muchedumbre antes de la última pausa. Volviendo al rock, recordamos los días más felices de nuestras vidas, según Waters, a ritmo de The Happiest Days of Our Lives.
La noche cálida de Lima fue testigo de un gran momento. Luego vino una de las canciones más esperadas Another Brick in the Wall (Part II), que contó en los coros con un grupo de niños del Colegio Cambridge. “Hey! Teachers! Leave them kids alone!”. La hermosa melodía de Vera, y la apacible y crítica Bring the Boys Back Home aportaron su toque. El fin de fiesta vino con la espectacular -no hay mejor palabra para describirla- Comfortably Numb, con ese solo de guitarra tan representativo de la música floydiana que te conduce por una callecita tranquila para luego elevarte en un viaje musicalmente excitante.
El afiche promocional proclamaba “El show que cambiará Lima”. Lo hizo. Nada será lo mismo para los amantes del buen rock, y mucho menos para los floydianos peruanos.
MARTÍN ALCARRAZ M.
Revista DEMO #08 - Marzo 2007

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