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Pearl Jam en Lima

Veinte años después… ¡y más vivos que nunca!
Estadio San Marcos; Lima, Perú - 18.11.2011

Escribe: Henry Flores

Pearl Jam Lima, Peru 11-18-11
“¡Dios, estuve en el concierto de Pearl Jam! Todo es bueno ahora, así me duela el cuerpo y tenga moretones que están tomando color… estoy casi sin voz…son de verdad, ya no son solo videos y fotos... ¡I’m alive!”. Lucía tiene diecisiete años, tres menos que su banda favorita, y acuña una de sus mejores frases en su muro del Facebook. Apenas terminó el inolvidable y generoso show de
Pearl Jam, las redes sociales se vieron inundadas con palabras como estas, hilvanadas por el agradecimiento y el amor a una banda que dio uno de los mejores conciertos que se recuerde por estos lares. Porque solo Pearl Jam y sus más de treinta mil fans (o militantes) lograron una indestructible simbiosis que arrancó de un potente zarpazo la etiqueta de “pecho frío” que tenía el público limeño hasta ese entonces.

Los veteranos de X fueron los teloneros perfectos. Les bastó cuarenta y cinco minutos para repasar su legendaria trayectoria y demostraron que su punk de vieja escuela aún inocula sensaciones eufóricas gracias a los filosos riffs del tío Billy Zoom y la energía desbordante de la veterana Exene Cervenka. Aunque el primer sismo de la noche se produjo en la última canción, “Devil Doll”, cuando invitaron a Vedder al escenario. Aparición sorpresiva que sirvió para medir a las masas. Dispuestas a pasar la mejor noche de sus vidas. Media hora después, a las nueve y cuarto, todo lo soñado y esperado empezaría a consumarse. El “Interestellar Overdrive”, de Pink Floyd, sirvió de preludio para “Corduroy”, perla de ritmo in crescendo del Vitalogy (1994). La gente enloqueció y como posesos levitaban. Las ansias por los años de espera de cada hincha permitieron una acumulación de tanta energía que en cancha se sintió como una explosión nuclear. Los cuerpos, literalmente, volaban extasiados y felices. La trilogía “Why Go”, “Hail Hail” y “Do The Evolution” no tuvo piedad de nosotros. Felices y magullados. De muy poco les sirvió a algunos acampar hasta tres días para asegurase las primeras ubicaciones. Las zonas delanteras parecían máquinas dispensadoras de gente sofocada, y el personal de seguridad se encargaba de recibirlos (sacarlos) como si fueran fichas ganadoras del tragamonedas. ¡Y recién íbamos por la cuarta canción!


Antes de la sorpresiva “Severed Hand”, Eddie Vedder nos habló por primera vez en español, con acento de gringo que visita Machu Picchu: “¡Hola Perú! Los hemos querido conocer hace mucho. Les pedimos un favor, cuídense los unos a los otros, queremos su seguridad, eso es lo más importante. Nos espera una larga noche de música, ¿de acuerdo?”. Y vaya que no nos mintió, fue una noche musical de casi tres horas. “Immortality” y “Elderly Woman…” sirvieron para calmar convulsiones, más no, el fluir de nuestros sentimientos, que se desbocaban sin remedio en todas las direcciones emocionales que puede provocar la música de PJ, de acuerdo a nuestras propias experiencias. Los saltos volvieron con “The Fixer”, alegre single del Backspacer (2009), álbum de sonido fresco que los llevó a experimentar con el power pop. Y otra vez la locura total con “Even Flow”, donde Mike McCready demuestra por qué es uno de los mejores guitarristas del mundo. Con su vieja Stratocaster, en la nuca y espalda y a ojos cerrados, nos dejaba boquiabiertos con unos endiablados solos herederos de Jimi Hendrix, donde la improvisación y la precisión confluyen con naturalidad. De acuerdo a las estadísticas, contando Lima, han tocado 703 veces esta canción, ¿Cómo diablos haces McCready para que tus solos suenen distintos en cada una de estas versiones?


Otra joyita fue la inclusión de “Setting Forth” del Into The Wild (2007), primer álbum solista de Vedder, que empalmó con “Not For You”, canción oscura y cruda a tres guitarras que espeta furibundos versos contra aquellos que quieren aprovecharse del prójimo (en especial de la juventud), versos que siempre uso como una declaración de principios cada vez que mando a la mierda a cualquier cosa o situación asfixiante. Así es la música de Pearl Jam, tiene la precisa para cada situación. La palpitante “Lukin” y la mágica “Amongst The Waves” (dedicada a los que “les gusta surfear”, ¿le habrán contado a Vedder que somos campeones mundiales de surf?) fueron la táctica perfecta para despistarnos y tomarnos luego por sorpresa con las reposadas “Better Man” y “Black” (por lo menos el noventa por ciento de los asistentes ha superado alguna ruptura amorosa con esta última), y nosotros no desperdiciamos la oportunidad para hacer karaokes con ellas. Dulce calma que precedería a la tormenta que trajo “Go” y esa ametralladora humana de bombo, platillos y tarolas llamada Matt Cameron (ex Soundgarden, miembro desde 1998 y pieza clave en el equilibrio musical y emocional de la banda, es el gel que aglutina). Primer encore de la noche, cinco minutos para tomar aire y verificar si nuestros huesos están completos. Eddie con su guitarra acústica y un fiel Boom Gasper en los teclados, nos ofrecieron los quince minutos más reposados de la noche, pero igual de intensos. La nostálgica “The End” vio su estreno en esta gira sudamericana y la romántica “Just Breath” cantada frente a una pareja de recién casados, amigos de la banda, fue la postal perfecta, la escena que muchos recordarán, y la prueba irrefutable de que la voz de Eddie Vedder es una de las mejores (¿a estas alturas alguien lo duda?) y que ha sabido madurar con el paso de los años.



Cuando vi a Jeff Ament al contrabajo y a Stone Gossard con la guitarra acústica, supe de inmediato que tocarían “Daugther” y no me equivoqué. En vivo, esta canción adquiere mucha intensidad y se nutre fagocitando a “WMA” o al “Blitzkrieg Pop” de los Ramones. “Unthought Known” y “Olé” (compuesta en honor al público sudamericano) nos devuelven a los saltos. Pearl Jam hace lo que quiere con nosotros. Con “Blood” y “Porch” nos volvimos animales, más que eso, fuimos caníbales. Cada uno hacía su propia orgía de pogos comiéndose a las otras. Descontrol total, catarsis colectiva y felicidad absoluta. Y al medio “Jeremy”, obra maestra de Ament, hizo que los losers de todo Lima y alrededores se unieran para desfogar o revivir sus traumas juveniles, encarnados en la figura de un adolescente que se dispara frente a sus compañeros del colegio. Segundo encore. Nuestros órganos siguen en su sitio. “Given To Fly”, una de las joyas del Yield (1998), fue uno de mis “pedidos” especiales atendidos, es una hermosa melodía que se magnifica en sus coros, y cuyas letras dibujan en mi mente a un Jesucristo muy personal que hace surf. Luego vendrían dos covers muy celebrados: “Last Kiss” de Wayne Cochran (en el Perú de los sesenta, la versión en español de Los Doltons fue un éxito rotundo) y una contundente versión de “The Real Me” de The Who (banda favorita de Vedder), tocada por única vez en esta gira sureña. ¿Y qué podemos decir de “Alive” que no se haya dicho ya?, el himno de los noventa por antonomasia. Aquellos riffs iniciales del gran Stone Gossard los conocen hasta los extraterrestres. A muchos nos hizo recordar aquel apreciado cassette tocado hasta el hartazgo en nuestro trajinado walkman, nuestra puerta de ingreso a un viaje sin retorno al reino Jam.


El cover más degustado fue sin duda el “Rockin’ In The Free World” del genio Neil Young. Para ello los PJ invitaron a X al escenario y nos obsequiaron una demoledora versión cuyo mayor pico emocional lo ocasiona McCready cada vez que arremete con sus incisivos solos de guitarra. Neil Young y Jimi Hendrix se pelean por poseerlo. La fiesta es apoteósica. Nos faltan manos para aplaudir y nuestras gargantas revientan con cada “ole ole Pearl Jam”. Pero todo tiene su final, y el lamento de “Indifference” nos prepara para ello, otra vez Jeff Ament al contrabajo y el acompañamiento del público con sus palmas entrecortadas colaboran para darle forma a esta hermosa canción de desesperanza. Algo nos dice que esto se acaba. “Yellow Ledbetter” lo confirma. Mientras la cantamos, a pesar de lo felices y agradecidos con la banda y con la vida misma, rogamos por otra oportunidad de volverlos a ver. Las últimas notas de la guitarra solista son el colofón para una gran noche. Indeleble como pocas. Fin del show, fin de la gira sudamericana.


Los Pearl Jam son uno de los mejores actos en vivo. Cada concierto tiene algo que los diferencia, alguna sorpresa o joya oculta que saben mostrar en el momento adecuado y ante el público adecuado. Esa capacidad de sorprender hace que sus fans quieran ver todos los shows que les fueran posibles. Ellos no son un libreto aprendido. Ellos tocan según la comunión que logran con su audiencia y sus estados de ánimo, por lo tanto, son honestos. Aquí no hay efectos pirotécnicos ni parafernalia escénica, la música es la protagonista. Y si queremos ser más rigurosos ante los escépticos, pues citemos los números: para esta gira sudamericana de solo quince días, tocaron ocho fechas, lo que hace un total de 246 canciones, casi 24 horas acumuladas de concierto y un promedio de 31 canciones por show. ¡Pearl Jam es un monstruo! Si eres de los que asistieron a algunos de sus conciertos solo para recordar la adolescencia o tiempos mejores, pues date por servido y provecho con la paramnesia; y si eres de los que han seguido fiel a la banda hasta estos tiempos, pues, infla tu pecho de orgullo, ¡nuestra banda está más viva que nunca!
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Videos vía franciscohvv / martinmortality1 /



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